Sismos en Panamá: qué daños pueden causar en edificios y qué revisar después de un temblor

Sismos

Un edificio puede seguir en pie después de un sismo y, aun así, haber sufrido daños que no son evidentes a simple vista. Grietas, desprendimientos, afectaciones en fachadas, tuberías, sistemas contra incendio y otras instalaciones pueden convertirse en el verdadero problema después de que termina el movimiento.

En menos de dos meses, varios terremotos de gran magnitud han vuelto a colocar la actividad sísmica en la conversación mundial. Venezuela registró el 24 de junio dos fuertes eventos de magnitudes 7.2 y 7.5; Colombia fue sacudida el 10 de agosto por un terremoto de magnitud aproximada 7.4; y el 15 de agosto Indonesia sufrió otro terremoto de magnitud 7.7.

La proximidad temporal entre eventos de este tipo puede producir la sensación de que los terremotos están ocurriendo con mayor frecuencia. Sin embargo, las variaciones temporales en la actividad sísmica mundial forman parte del comportamiento normal de la Tierra y, por sí solas, no significan que se esté aproximando un terremoto de grandes proporciones. El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que alrededor de 500,000 terremotos son detectables cada año en el planeta, aunque solamente una pequeña proporción llega a producir daños.

Los sismos no son un fenómeno nuevo. Han acompañado la evolución geológica del planeta desde mucho antes de que existieran nuestras ciudades.

Lo que ha cambiado es lo que construimos sobre él.

Y por esa razón, desde la ingeniería, la pregunta más importante no debería ser solamente cuánto marcó el terremoto, sino cómo respondió nuestra edificación al movimiento.

Panamá tampoco está fuera del mapa sísmico

En Panamá no experimentamos terremotos destructivos con la misma frecuencia que algunas regiones del Pacífico, pero eso no significa que seamos ajenos a la actividad sísmica.

El propio Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá mantiene un registro permanente de eventos sísmicos locales y regionales. De hecho, durante los días posteriores al terremoto de Colombia continuaron registrándose movimientos de menor magnitud en distintas zonas del territorio panameño y sus alrededores.

El evento colombiano del pasado 10 de agosto fue una demostración particularmente clara.

Aunque el epicentro se encontraba en Colombia, el movimiento fue percibido en las provincias de Panamá, Panamá Oeste, Chiriquí, Veraguas, Coclé, Herrera, Los Santos, Colón, Darién y Bocas del Toro. El Metro de Panamá activó sus protocolos de seguridad, Tocumen realizó verificaciones preventivas y múltiples instalaciones fueron evacuadas mientras se evaluaban sus condiciones.

SINAPROC informó posteriormente que más de 40 instalaciones públicas, educativas, hospitalarias, aeroportuarias y residenciales fueron inspeccionadas.

Durante esas verificaciones se reportaron grietas, fisuras, rajaduras y otras condiciones que requerían valoración técnica. También se encontraron daños posiblemente preexistentes que debían diferenciarse de aquellos que pudieran estar asociados con el sismo.

Y precisamente allí aparece uno de los grandes retos de una inspección postevento:

¿La grieta apareció con el sismo o ya estaba allí?

¿Es solamente un acabado afectado o existe compromiso de un elemento estructural?

¿El problema que observamos es realmente el problema, o solamente una consecuencia visible de algo que todavía no hemos identificado?

Diagnosticar comienza por hacer las preguntas correctas.

Magnitud no significa automáticamente daño

Cuando escuchamos “magnitud 7”, intuitivamente pensamos en destrucción.

Pero la respuesta de una edificación frente a un terremoto depende de muchas variables.

La magnitud representa el tamaño del evento en su origen. La intensidad del movimiento que finalmente recibe una determinada edificación puede variar significativamente dependiendo de la distancia a la falla, la profundidad del terremoto, las características del suelo, la geología local y otras condiciones particulares del sitio.

A esto debemos agregar variables propias del inmueble: sistema estructural, antigüedad, calidad constructiva, modificaciones realizadas durante su vida útil, mantenimiento, deterioro previo y comportamiento de los elementos no estructurales.

Por esta razón, dos edificios relativamente cercanos pueden responder de maneras diferentes ante un mismo evento.

Y también por esta razón no debemos diagnosticar una edificación únicamente por la magnitud reportada en las noticias.

Hay que inspeccionarla.

Una grieta no significa automáticamente daño estructural

Después de un temblor es normal que propietarios y administraciones comiencen a observar paredes, columnas y losas buscando grietas.

Es una reacción correcta.

El error ocurre cuando toda grieta es interpretada inmediatamente como una falla estructural.

Las edificaciones poseen múltiples materiales y sistemas que responden de maneras diferentes al movimiento. Pueden aparecer fisuras en revestimientos, juntas, paredes divisorias, cielorrasos o acabados sin que necesariamente exista una afectación del sistema estructural principal.

Pero también pueden existir grietas cuya ubicación, orientación, apertura, continuidad o evolución ameriten una evaluación estructural especializada.

Por eso la inspección debe documentar qué elemento está afectado, dónde se encuentra, cómo se orienta la grieta, cuánto abre, si atraviesa solamente el acabado o continúa sobre el elemento, y si existen deformaciones, desplazamientos u otros síntomas asociados.

Incluso SINAPROC destacó esta dificultad durante las inspecciones realizadas después del reciente sismo: algunas condiciones observadas podían ser antiguas y debían diferenciarse de afectaciones potencialmente producidas por el evento.

Una fotografía tomada antes de un sismo puede parecer algo trivial.

Después del sismo, puede convertirse en evidencia.

El edificio puede estar estructuralmente estable y aun así tener problemas importantes

Cuando hablamos de terremotos solemos concentrarnos en columnas, vigas y losas.

Es comprensible: la estabilidad estructural está directamente relacionada con la seguridad de las personas.

Pero existe otra capa del edificio que frecuentemente recibe menos atención: los componentes no estructurales y sus instalaciones.

Investigaciones del National Institute of Standards and Technology (NIST) sobre terremotos anteriores muestran que algunos de los daños no estructurales más frecuentes incluyen cielorrasos suspendidos desprendidos, ventanas y vidrios afectados, ascensores fuera de servicio y, particularmente, tuberías y sistemas de rociadores contra incendio que se rompen y producen daños por agua.

Esto significa que una edificación puede conservar una respuesta estructural satisfactoria y aun así perder parcial o totalmente su capacidad de operación.

En edificios comerciales esto puede representar interrupción del negocio.

En hospitales puede afectar áreas críticas.

En edificios residenciales puede significar apartamentos inundados, ascensores fuera de servicio, cielorrasos desprendidos o sistemas contra incendio comprometidos.

La seguridad estructural es fundamental.

Pero la funcionalidad del edificio también importa.

El daño que muchas veces aparece después: las fugas de agua

Existe una consecuencia de los terremotos de la que se habla mucho menos: las fugas de agua posteriores al movimiento.

Dentro de un edificio existen redes completas que recorren pisos, paredes, cielorrasos y cuartos técnicos: agua potable, aguas sanitarias, sistemas contra incendio, drenajes, equipos de climatización y otras instalaciones.

Durante un movimiento sísmico, diferentes partes del edificio pueden desplazarse entre sí. Las tuberías, conexiones, soportes y equipos deben absorber esos movimientos.

Cuando existe suficiente demanda sísmica, instalaciones rígidas, conexiones vulnerables, soportes deficientes, corrosión previa o puntos de tensión pueden fallar.

NIST ha documentado repetidamente daños por roturas de tuberías domésticas, tuberías de agua fría para sistemas HVAC, redes contra incendio y rociadores durante terremotos anteriores. En algunos casos, el daño por agua terminó siendo uno de los principales factores que limitaron la utilización posterior de edificios cuya estructura había sufrido relativamente poco daño.

Aquí aparece una situación particularmente interesante desde el punto de vista diagnóstico.

Una tubería puede desarrollar una pequeña fuga después del movimiento y permanecer oculta dentro de una pared, losa o cielo raso.

Tal vez durante las primeras horas no exista ninguna señal.

Días después aparece humedad.

Después aparece una mancha.

Y eventualmente el propietario descubre agua en una zona donde nunca había tenido problemas.

El reto entonces ya no consiste únicamente en encontrar agua.

Consiste en establecer de dónde viene, qué sistema está afectado y si existe una relación temporal razonable con el evento ocurrido.

Ese es el valor de documentar correctamente.

¿Qué debemos revisar después de un sismo?

Una inspección postevento no sustituye una evaluación estructural especializada cuando existen señales de daño estructural. Su primera función es identificar condiciones, documentarlas y determinar cuáles requieren atención inmediata o evaluación adicional.

Después de un movimiento significativo, en viviendas, PH, edificios comerciales y otras instalaciones conviene revisar, entre otros aspectos:

  • grietas nuevas o cambios visibles en grietas existentes; deformaciones, desplazamientos o desprendimientos en columnas, vigas, losas, escaleras y paredes;
  • desprendimientos de revestimientos, fachadas, cielorrasos, vidrios, cornisas y otros elementos que puedan representar riesgo de caída;
  • puertas o ventanas que súbitamente hayan dejado de operar normalmente, especialmente cuando el cambio aparezca simultáneamente en varios puntos;
  • presencia de agua, disminución anormal de presión, consumo inexplicable o sonidos compatibles con fugas en redes hidráulicas;
  • tuberías visibles, soportes, válvulas, tanques, bombas y conexiones;
  • sistemas contra incendio, incluyendo tuberías, soportes y rociadores;
  • equipos mecánicos, unidades de climatización, equipos instalados en azoteas y sus anclajes;
  • ascensores y otros sistemas electromecánicos, cuya verificación debe ser realizada por las empresas o especialistas responsables.

La existencia de una de estas condiciones no demuestra automáticamente que el sismo sea su causa.

La inspección genera evidencia. El diagnóstico establece relaciones.

Antes, durante y después: la preparación también forma parte del mantenimiento

La gestión del riesgo comienza antes del movimiento.

En residencias y casas resulta importante conocer las zonas más seguras, mantener un plan familiar y evitar elementos pesados sin fijación adecuada. En PH y edificios comerciales, además, deben existir procedimientos claros de evacuación, identificación de puntos de encuentro, conocimiento de válvulas principales, contactos de emergencia y responsabilidades previamente asignadas.

Durante un sismo, SINAPROC recomienda mantener la calma, protegerse, no utilizar los ascensores y alejarse de ventanas, cornisas y otros elementos que puedan desprenderse.

Después del movimiento, la prioridad continúa siendo la seguridad de las personas. Si existen daños importantes o condiciones potencialmente peligrosas, no debe ingresarse nuevamente al edificio hasta que sea verificado. Esta recomendación coincide con metodologías internacionales de evaluación post-sismo, como ATC-20, que contemplan evaluaciones rápidas y detalladas para determinar si una edificación puede continuar utilizándose, requiere restricciones o debe considerarse insegura.

Posteriormente comienza una segunda etapa, menos dramática pero igualmente necesaria: documentar el inmueble y determinar qué cambió.

La importancia de saber cómo estaba el edificio antes

Uno de los aprendizajes más importantes que deja cualquier inspección posterior a un evento es el valor de contar con información previa.

Cuando una administración posee fotografías, reportes de mantenimiento, inspecciones anteriores y registros de grietas o filtraciones existentes, el diagnóstico posterior resulta considerablemente más sólido.

Esto permite distinguir entre una condición nueva y una antigua.

Permite comprobar si una grieta aumentó.

Permite establecer si una filtración ya existía.

Permite comparar.

Y permite evitar algo que ocurre con frecuencia después de cualquier evento extraordinario: atribuirle al evento todos los problemas que aparecen posteriormente en el edificio.

Un sismo puede causar daños.

Pero también puede simplemente hacer que comencemos a mirar con mayor atención problemas que ya estaban allí.

Desde el punto de vista técnico, ambas situaciones deben diferenciarse.

Inspeccionar no es buscar culpables: es entender lo ocurrido

En Facility Management Solutions hemos insistido durante años en una premisa sencilla:

observar un síntoma no equivale a conocer su causa.

Una mancha de humedad no necesariamente significa una tubería rota.

Una grieta no necesariamente significa daño estructural.

Un desprendimiento no necesariamente significa que toda la fachada sea insegura.

Cada condición debe analizarse dentro de su contexto.

Después de un sismo ocurre exactamente lo mismo.

Primero identificamos.

Después documentamos.

Luego analizamos.

Y cuando la condición supera el alcance de una inspección determinada, escalamos hacia el especialista correspondiente.

Si existen indicios de afectación estructural, corresponde una evaluación por un profesional idóneo con la especialidad y alcance necesarios. Si existen problemas en ascensores, sistemas eléctricos, gas, protección contra incendio u otros equipos especializados, deben intervenir igualmente los profesionales responsables de esos sistemas.

El objetivo de una buena inspección no es pretender conocer todas las respuestas.

Es saber qué preguntas debemos responder a continuación.

Después del temblor comienza otra parte de la historia

Los terremotos son inevitables.

No podemos controlar cuándo ocurrirán ni cuánto durarán.

Pero sí podemos decidir qué tan preparados estamos para observar nuestra infraestructura después de ellos.

Un edificio no tiene solamente estructura.

Tiene fachadas, instalaciones hidráulicas, sistemas contra incendio, equipos mecánicos, ascensores, acabados, cubiertas, tuberías y cientos de componentes que funcionan juntos todos los días sin que pensemos demasiado en ellos.

Hasta que algo ocurre.

Por eso una inspección después de un evento debería intentar responder tres preguntas sencillas:

¿Cómo estaba la edificación antes?

¿Qué cambió después?

¿Qué riesgo representa ese cambio?

Entre el temblor y la reparación existe una etapa que muchas veces olvidamos.

El diagnóstico.

Y cuanto mejor sea la evidencia disponible, mejores serán las decisiones que tomemos después.

Porque en ingeniería no se trata solamente de encontrar daños.

Se trata de comprender lo que la edificación está tratando de decirnos.


Facility Management Solutions (FMS)
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Fuentes técnicas y oficiales consultadas

Para la elaboración de este artículo se consultó información del Sistema Nacional de Protección Civil de Panamá (SINAPROC), Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, U.S. Geological Survey (USGS), National Institute of Standards and Technology (NIST) y Applied Technology Council (ATC), además de fuentes periodísticas internacionales para los eventos sísmicos recientes.

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